De palabras y violencias : Sobre conflictos, política, derechos humanos....

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Septiembre del 2009

 

"Realpolitik" y desprecio del pluralismo democrático

Enlace permanente 16 de Septiembre, 2009, 9:02

Es lamentable el desempeño público del Ministro de Justicia a propósito de la publicación del libro de Abimael Guzmán ("impulsador de libros prohibidos" le ha llamado Augusto Alvarez Rodrich en La República). Este es uno más de los sucesivos intentos del partido de gobierno por generar una ola de rechazo masivo a quienes considera oponentes, buscando al mismo tiempo concentrar apoyo en torno a las opiniones o las decisiones políticas asumidas por sus representantes.

No caben dudas del rechazo que genera la figura pública de Abimael Guzmán, especialmente entre quienes guardamos viva memoria de los tiempos de terror que él desató. Sin embargo, me pregunto por qué parece tener tan poco éxito el intento del Ministro Pastor de polarizar las opiniones de la población en este tema, así como han servido de bastante poco los lances de otras figuras del gobierno, incluyendo al propio Presidente García,

En mi opinión esta práctica común en la política peruana no goza de gran prestigio por la desconfianza que la población siente respecto de sus autoridades. Así, no se termina de creer en quienes anuncian pruebas contundentes cuando se trata de una denuncia o en quienes amenazan al adversario político, porque las pruebas nunca se presentan y las amenazas tampoco se cumplen. Todo ello redunda en la poca credibilidad de la palabra del político.

¿Por qué, entonces, insistir en una práctica tan poco efectiva? En mi opinión, esto se puede explicar por dos razones. La primera tiene que ver con las características de la real politik, que busca resultados de corto plazo, es decir que se preocupa del quehacer de la coyuntura presente sin darle necesaria importancia a la coherencia de la propia actuación política a lo largo del tiempo. Esta tendencia marca el quehacer del APRA, según un interesante análisis histórico presentado por José Luis Rénique (el ensayo se titula "Buscando nación. Esperanza y fracaso en la historia peruana" y forma parte del libro Perú en el siglo XXI, editado por Luis Pásara). Lamentablemente, el actual partido en el gobierno no es el único en desarrollar estas características.

La segunda razón es más preocupante: me parece que estas expresiones revelan un desprecio práctico por el pluralismo democrático. Obviamente, ninguno de los actores públicos aceptarán públicamente una afirmación como esta. Sin embargo, el pluralismo, tal como lo entiende Norberto Bobbio (El futuro de la democracia, segunda edición, Fondo de Cultura Económica, 2000), implica la posibilidad del disenso, el cual es lícito cuando se mantiene dentro de las reglas de juego establecidas por el sistema democrático. Bobbio afirma que la prueba de fuego de un régimen democrático consiste en la forma de reaccionar ante el disenso. Al plantear la relación con los opositores en una dinámica amigo - enemigo, tal como lo explica Sinesio López, se está peligrosamente optando por prácticas contrarias a la profundización democrática del país. Sin embargo, acaso enceguecidos por la acción de corto plazo, nuestros gobernantes no parecen entender cuán dañinas son estas prácticas y estos discursos para la vida democrática del país.

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Dos exposiciones imprescindibles

Enlace permanente 13 de Septiembre, 2009, 9:57

Ayer sábado visité dos exposiciones pictóricas que engalanan la escena cultural limeña. Una es "José Sabogal, su entorno y su tiempo", en el Británico de Miraflores. La otra es una recopilación de obras de Enrique Camino Brent expuesta en el Centro Cultural de la Universidad Católica.

No soy crítico de arte, por lo que me limitaré a compartir la emoción estética que me produjeron estas visitas. Se trata, sin duda, de dos maestros de la pintura nacional. Emociona ver cuadros donde se mezclan los motivos peruanos con un dominio de colores y luces.

De Sabogal sorprende el carácter de ruptura de su obra que se produjo al introducir personajes, escenas y lugares del Perú subordinado de su época. Contribución fundamental, por tanto, a una imagen más completa de los peruanos como nación.

De Camino Brent me impresionó el movimiento que parece desprenderse de sus obras. Así, zaguanes, calles y fachadas no son objetos estáticos a la espera de un observador que las retrate, sino entes inanimados con una dinámica particular que se expande fuera de los límites del cuadro. Y todo ello con una luminosidad muy propia de los paisajes andinos y que está fielmente atrapada en sus lienzos.

Sin duda, dos exposiciones imprescindibles. Hay también una muestra de Alberto Quintanilla recientemente inaugurada en la Biblioteca Nacional, y que espero visitar y comentar pronto.

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Sobre la gestión de los conflictos sociales en el Perú

Enlace permanente 12 de Septiembre, 2009, 8:27

  El post anterior terminó señalando que una sociedad puede institucionalizar la froma en la que se desarrollan sus conflictos. Esta afirmación vale especialmente para las democracias en tanto ellas admiten, a partir de su carácter pluralista, la posibilidad del disenso. Los autoritarismos, en cambio, tienden a silenciar cualquier voz crítica, inclusive mediante formas represivas extremas.

Interesa aquí resaltar que la vigencia de libertades fundamentales - como la de expresión o la de libre asociación - se comprueba mediante la existencia de formas institucionales concretas. Sin ellas, la formulación de los derechos no deja de ser una declaración lírica. Para la gestión de conflictos se plantea la necesidad de estructuras de diálogo y concertación, las cuales, según Braud, permiten otorgar voz a las partes y moderar la violencia, "facilitando una transposición del conflicto al orden de las palabras y los argumentos".

Estas consideraciones nos invitan a preguntarnos sobre la forma en la que se gestionan los conflictos sociales en el Perú. Propongo algunas consideraciones rápidas, algunas de las cuales espero poder desarrollar en otra oportunidad:

  1. Sólo en tiempos recientes se empieza a pensar en la necesidad de un tratamiento especializado de los conflictos sociales, vale decir que no son suficientes los mecanismos tradicionales empleados para enfrentarlos (la represión o la negociación política con actores representativos). Esto se debe a los cambios que la propia conflictividad social ha tenido, especialmente en la última década.
  2. A partir de este reconocimiento, en los últimos años se ha desarrollado una institucionalidad pública para abordar situaciones de conflicto: desde "mesas de diálogo" ad hoc hasta la conformación de unidades especializadas. (Los mecanismos de concertación existentes en el país desde el gobierno de transición parecen orientarse más a la generación de acuerdos que al tratamiento de los disensos.)
  3. Si bien lo anterior se muestra como un avance en la institucionalización de los conflictos, mi impresión es que su proliferación ha sido desordenada, ha surgido presionada por la urgencia de situaciones críticas y no responde a una concepción de política pública para el tratamiento de los conflictos.
  4. Una política pública debiera darle al Estado capacidad para cumplir cabalmente al menos dos funciones: analizar y gestionar los conflictos. ¿Qué ocurre en la realidad?:
    • En la función de análisis ha avanzado a partir del reconocimiento de situaciones de conflicto; su necesidad ha sido alimentada por reportes, estudios de caso, investigaciones y un permanente seguimiento periodístico. Y si bien subsiste en funcionarios y políticos una valoración negativa del conflicto, al menos se admite como necesaria la conformación de equipos encargados de su seguimiento y de proveer información oportuna para prevenir desenlaces violentos.
    • La capacidad de gestión sigue siendo débil. En mi opinión, el Estado no cuenta con suficientes operadores técnicos y políticos para intervenir en los diversos escenarios conflictivos. Sin embargo, aquí la principal dificultad no es encontrar personas con la preparación necesaria para gestionar procesos de negociación, sino las limitaciones que estas negociaciones tienen para convertirse en decisiones políticas sobre los temas planteados por los conflictos. Este paso es tanto más difícil en la medida que requiere admitir un cuestionamiento a políticas en curso. Y ya sabemos - desde los famosos artículos sobre el "perro del hortelano" - cuál es la disposición del gobierno actual a modificar los lineamientos centrales de las políticas que promueve y defiende.
  5. Hasta aquí mi reflexión se ha centrado sobre el Estado. Debo agregar también que, en numerosas oportunidades, los propios actores sociales no se muestran interesados en acotar su acción de protesta a mecanismos institucionalizados de negociación. Razones hay varias y merecen un comentarios posterior más extenso.

Referencia: Philippe BRAUD. Violencias políticas. Madrid, Alianza Editorial, 2006.

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Modelos teóricos para explicar la violencia

Enlace permanente 9 de Septiembre, 2009, 23:03

¿Cómo entender el surgimiento de acciones violentas dentro de los conflictos? Philippe Braud, en un capítulo de su libro Violencias políticas, plantea un interesante resumen de las teorías más empleadas por sociólogos y politólogos.

Señala, en primer lugar, dos modelos frecuentemente usados aunque su nivel explicativo sea bastante limitado. Uno, que plantea una correlación entre la falta de recursos, la pobreza de su población y el nivel de violencia política; en otras palabras, cuando se sostiene que "la escasez objetiva, o subjetiva, tiende a exacerbar la agresividad y las violencias". Otro, que propone la cuestión de la desigualdad - real o percibida - como factor explicativo clave. Si bien el autor reconoce que ambos elementos, la escasez y la desigualdad, son elementos potencialmente explosivos, cuestiona estos modelos porque considera que "un planteamiento excesivamente monocausal impide comprender la complejidad de los fenómenos históricos".

Por eso resulta más interesante mencionar los otros dos modelos que, según Braud, obtienen mejores resultados explicativos. Por un lado, está la teoría de la frustración relativa: "Consiste en la brecha entre dos niveles de representaciones divergentes: el de la expectativa de conseguir bienes, que se considera legítima, y el de la posibilidad de obtener satisfacciones, que se tiene por indebidamente restringida". Dicha brecha, explica, está socialmente condicionada por un conjunto de factores que explican su origen, su intensidad y la probabilidad de deriva hacia una expresión violenta. En nuestro medio, un trabajo que se ubica en esta perspectiva es "Sendero Luminoso: Los hondos y mortales desencuentros", escrito por Carlos Iván Degregori en los años ochenta.

El segundo modelo es la teoría de la acción racional, según la cual "se considera a la violencia como un medio, entre otros, para hacer que prevalezca el punto de vista propio sobre el de los adversarios. Cuando estallan los conflictos, las partes movilizan recursos con el fin de situarse en posición de ganar o, al menos, de no perder terreno". Si bien una confrontación puede empezar en forma pacífica, puede llegar el momento en el que una de las partes considere el empleo de la violencia como un medio eficaz o necesario para conseguir lo que busca. Desde este punto de vista, la violencia no es producto de mentes calenturientas o de masas exacerbadas, sino fruto elegido luego de un "cálculo de utilidad" y cuyo despliegue requiere recursos organizativos y logísticos dentro de un proceso.

De este último modelo se puede inferir una consecuencia muy interesante para la acción política sobre los conflictos: si el empleo de la violencia constituye una opción "racional", los mecanismos para prevenirla pueden correr por la misma vía, vale decir, que sería deseable, al menos hipotéticamente, mostrar a los actores en conflicto la utilidad de resolver sus diferencias por vías pacíficas. Así, citando a autores como Anthony Oberschall y Charles Tilly, Braud concluye que la posibilidad de la violencia se reduce cuando la conflictividad está más "estructurada", por ejemplo a través de mecanismos de institucionalización de los conflictos. Volveré sobre esta idea en otro post.

Referencia: Philippe BRAUD. Violencias políticas. Madrid, Alianza Edutorial, 2006.

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Humor gráfico ambiental en Lima

Enlace permanente 6 de Septiembre, 2009, 22:41

Visité en el Parque de Barranco la muestra del II Salón Internacional de Humor Gráfico. Los dibujos provienen de distintos países del mundo y todos versan sobre la problemática ambiental, incidiendo en particular en la problemática de la deforestación.

La palabra "humor" no debe generar confusión. La muestra no está pensada para generar una risa fácil, sino para generar alguna reacción del público ante este problema. Se trata de un humor corrosivo, hiriente por ratos, punzante en la conciencia. Aunque cada autor tiene un trazo particular, llama la atención la similitud de temas y enfoques tocados. La secuencia no lo deja a uno indiferente.

Al terminar, uno se queda pensando en cuánto hemos hecho por cuidar los árboles en nuestro planeta, en nuestra ciudad. Que alguien lleve al alcalde Castañeda a ver esta muestra, por favor!!!!!!!!!!!! ¿O no podrían los organizadores montar la exhibición durante una semana en la Plaza de Armas de Lima????? Así nos aseguramos que la vea y - ojalá - se deje de estar matando árboles por toda la ciudad.

Algunos de los dibujos exhibidos se pueden ver en la web de la muestra.

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¿Avanzan las reparaciones?

Enlace permanente 5 de Septiembre, 2009, 8:18

Me suelen hacer esta pregunta debido al trabajo en el que estoy desde hace año y medio. ¿Cómo responder?

Un breve recuento de las acciones emprendidas por el Estado desde el final del conflicto nos muestra un conjunto de respuestas dadas en menos de una década. Así, luego de la caída del régimen de Fujimori, se dieron las condiciones institucionales para empezar a dar respuesta a quienes sufrieron esta tragedia:

  • El año 2001, aún durante el gobierno de transición encabezado por Valentín Paniagua, se creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuyo Informe Final fuera entregado al país dos años después.
  • El año 2004 se crea la Comisión Multisectorial de Alto Nivel como una forma de encaminar los esfuerzos hacia la reconciliación nacional.
  • El año 2005, tomando como base una de las recomendaciones de la CVR, se promulga la Ley 28592, que formaliza el Plan Integral de Reparaciones a cuya implementación el Estado se compromete. Esta norma crea el Registro Único de Víctimas (RUV) y encarga su elaboración al Consejo de Reparaciones.
  • El año 2007 se inicia la implementación del Programa de reparaciones colectivas, también hay avances en cuanto a las reparaciones en salud. También empieza la labor del RUV, que ha inscrito a la fecha a más de 57 mil personas y más de 5,200 centros poblados afectados por la violencia.
  • Recientemente, se ha anunciado el inicio del Programa de reparaciones económicas individuales para el próximo año; asimismo, la CMAN está diseñando un programa similar en educación.

Considerando el ritmo que suele tener el Estado, no es poco lo que se ha hecho en apenas unos años. Mi visión es que se han generado sucesivas "ventanas de oportunidad" para generar respuestas políticas como las antes mencionadas.

Sin embargo, todo este camino resulta insuficiente desde el punto de vista de las propias víctimas, según se puede leer en sus continuas demandas. Y es necesario ubicarse en esa perspectiva para entender cómo el tiempo es medido según consideraciones diferentes. Para empezar, sus historias nos remontan nuevamente a los años del conflicto interno, a los hechos que les generaron sufrimiento y de los que guardan aún viva memoria. Se trata, por tanto, de muchos años (más de veinte en los casos más antiguos) en los que la búsqueda de verdad y justicia no ha tenido una respuesta satisfactoria.

La situación se agrava cuando la sensación de impunidad presente en las historias particulares se entronca con esa percepción de sentirse excluidos de la justicia y de los beneficios del sistema institucional peruano, y que constituye una expresión de largo aliento entre la población pobre del país, incluyendo a las víctimas de la violencia. Llegados a este punto, el tiempo se convierte en histórico y las expectativas por un cambio se vuelven más bien pesimistas.

Por ello resulta importante reconocer que existen respuestas desde el Estado, pero al mismo tiempo debemos señalar que estas no son todo lo satisfactorias para las propias víctimas. Surge, por tanto, una exigencia ética para quienes trabajamos en las instituciones públicas dedicadas a este tema: ajustar el tiempo de respuesta del Estado al tiempo y a la urgencia que demandan las víctimas. Sólo de esta manera podremos ir cerrando las brechas que dejó el período de violencia y mirar al futuro sin deudas por cobrar en nuestra memoria colectiva.

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