De palabras y violencias : Sobre conflictos, política, derechos humanos....

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Una visita a la ex ESMA

Enlace permanente 26 de Octubre, 2010, 23:12

Hace unos días visité el antiguo local de la Escuela Mecánica de la Armada, más conocida por sus iniciales: ESMA, principal centro de detención, tortura y desaparición de personas durante la última dictadura argentina (1976-1983). Comparto con ustedes una crónica con algunas impresiones.

Antes de la visita. Esta Escuela funcionaba en un predio de 17 hectáreas, en uno de los barrios acomodados de Buenos Aires. Uno de los edificios estaba destinado al Casino de Oficiales (casino como lugar de habitación, no como sala de juegos), y fue este lugar el destinado a las actividades clandestinas hoy conocidas.

Todos en Buenos Aires parecen saber de este y de otros centros similares, y de los hechos que allí ocurrieron, pero son diversas las reacciones que recogí en la calle. A una amiga le pareció importante que fuera, pero me dijo que ella no resisitiría una visita. Otra persona me dijo que, en su opinión, el edificio debía ser derribado, destruido. Un taxista me comentó que no iba a negar  lo que hicieron los militares, pero que el lugar no recogía la violencia de otros actores. Pese a estas diferentes opiniones, nadie negaba la existencia de crímenes tan horribles practicados en este lugar, y más bien añadían hechos de los que habían sido testigos o que habían escuchado de otros también testigos.

Es con el gobierno de Néstor Kirchner que este predio se convierte en un Espacio para la Memoria, que alberga a distintas entidades vinculadas con el trabajo por los derechos humanos. En este marco, el antiguo Casino de Oficiales deviene en un "lugar de memoria". No está abierto al público, hay que inscribirse en una visita guiada. Nos explicaron que se hace de este modo a pedido de las propias víctimas y sus familiares, que esperaban que se explicara a los visitantes la verdad de lo allí ocurrido.

El recorrido. Nuestra visita duró unas 4 horas, esto porque fue un grupo grande (más de 30 personas, todos argentinos, menos dos chilenas y yo), y hubo muchas preguntas y diálogo. El recorrido reproduce el camino que seguían las personas que ingresaban a este lugar: la puerta de ingreso, sin obstáculo a la visibilidad desde una de las avenidas más transcurridas de la ciudad; el puesto de vigilancia y control; el estacionamiento, en la parte posterior del inmueble; el camino al sótano, primer destino dentro del edificio, y lugar donde ocurrían las torturas y desde donde se iniciaba el "traslado" de los detenidos, macabro eufemismo para denominar a quienes eran enviados a los "vuelos de la muerte"; "capucha" y "capuchita", ambientes en el tercer nivel, bajo el tejado del edificio, suerte de barracas donde eran recluidos los detenidos hasta que se definiera su situación. Completan el edificio los ambientes administrativos, los dormitorios de los oficiales y los lugares de "trabajo" de los detenidos.

Llama poderosamente la atención que se trata de un edificio vacío, y acaso allí radica la principal fuerza conmemorativa de este lugar. En la visita se recorren los distintos ambientes del edificio sin encontrar mueble alguno, ni reconstrucción de lo que debió ser en los tiempos de la dictadura. Apenas unos pequeños paneles explicativos con una breve explicación de lo que funcionaba en cada lugar, a veces con esquemas que daban cuenta de los cambios operados en cada ambiente... y testimonios. El aparente vacío es llenado con la palabra. Pequeños testimonios de sobrevivientes introducen a la crueldad de cada espacio, y las explicaciones de la guía, apelando a otros testimonios y pequeños relatos de la sobrevivencia cotidiana en este lúgubre lugar, son suficientes para completar lo que el edificio ya no tiene: las imágenes del horror se suceden una tras otra a cada paso. Es de esos lugares que, pese al silencio, están llenos de voces.

Nos comentaron que no menos de cinco mil personas pasaron por este centro, de las cuales se conocen apenas unos 200 sobrevivientes. Los demás fueron desaparecidos, buena parte de ellos en los mácabros "vuelos de la muerte". Esta sola cifra nos revela la magnitud de los crímenes aquí cometidos, pero ella no es suficiente para revelar las sensaciones que atraviesan el cuerpo al intentar, siquiera por un instante, ponerse en el lugar de cualquiera de los detenidos. Las peores sensaciones (indefensión, desesperanza) se vuelven sobre uno, especialmente al ingresar a "capucha", ambiente destinado a desvanecer cualquier atisbo de esperanza que el detenido pudiera sentir aún en las primeras horas.

Algunos comentarios. Esta visita no hizo sino confirmar en mí la convicción sobre la necesidad de estos "espacios de memoria". Nada resulta tan instructivo y aleccionador que reconstruir en el interior de uno mismo - aunque sea en forma parcial, fragmentada - la experiencia de otros, que en algunos casos pueden ser ajenos. Esta experiencia, bien llevada, conduce a reconocer la plena humanidad de las víctimas y la injusticia que se debatió sobre sus vidas, y alienta una conciencia cuestionadora de las prácticas que someten a las personas a la tortura, la vejación y la muerte. Es esta la vivencia sentida en los distintos "lugares de memoria" que he tenido en suerte visitar.

Esta experiencia profunda es posible cuando uno se deja llevar y guiar por las voces de las propias víctimas, que en estos espacios recupueran el protagonismo que las historias de desaparición forzada pretendieron arrebatarle. Estos lugares, por tanto, son también espacios para devolverlas a la historia; y no me refiero (solo) a la Historia, con mayúsculas, sino a las historias individuales, las nuestras, y traerlos a una memoria compartida con sus familiares directos.

Pensando en el Perú, me parece tremendo desafío recuperar esta voz preponderante de las víctimas como hilo conductor de una memoria colectiva por construir, tarea doblemente difícil por el desprecio que se sigue teniendo respecto a la población que más sufrió (en su mayoría, campesinos, con bajo nivel educativo, quechuahablantes, etc.) y por la insistencia de varios actores políticos e institucionales poderosos en negar los crímenes y graves violaciones a los derechos humanos ocurridos en nuestro propio conflicto. La CVR hizo el intento, y aunque su mensaje ha tenido algún impacto, su esfuerzo no ha merecido el reconocimiento de toda la sociedad. Se espera (¿será mucha expectativa?) que el Lugar de la Memoria, cuya construcción se iniciará en breve, pueda completar este camino que quedó incompleto.

Más información sobre la ex ESMA:

Instituto Espacio para la Memoria: http://www.institutomemoria.org.ar/exccd/esma.html

Memoria Abierta: http://www.memoriaabierta.org.ar/camino_al_museo3.php

Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Escuela_de_Mec%C3%A1nica_de_la_Armada

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