De palabras y violencias : Sobre conflictos, política, derechos humanos....

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Diciembre del 2010

 

El poder de las víctimas

Enlace permanente 1 de Diciembre, 2010, 18:01

El domingo pasado, de camino a Chungui, me enteré de la censura a la exposición de la “Chalina de la Esperanza” por parte de la Municipalidad de San Isidro. Comparto estas líneas desde la indignación de ese momento.

La exposición

Estuve en la inauguración de esta muestra y creo que ninguno de los presentes fue ajeno a los poderosos sentimientos que ella provocaba. Las historias de las desapariciones forzadas en nuestro país son tremendamente conmovedoras. Imposible no pensar en las historias detrás de todos estos nombres y en las manos que los fijaron en esta chalina, tratando con ese gesto de hacer imperecedera la memoria de sus familiares cuyos restos no han podido ser encontrados hasta hoy.

Y esos relatos podían ser escuchados de las voces de las propias protagonistas, mujeres que por años han cargado esta memoria dolorosa y la ofrecían con sencillez a los visitantes. No eran parte del decorado, sino que su presencia hacía de este evento un acto vivo, al cual uno se incorporaba con horror y con asombro. Y este es uno de los aspectos que me parecen más valiosos: que las propias víctimas se hayan apropiado de la exposición y de todo el proceso que llevó hacia ella. Hermosa y contradictoria manera de ofrecernos una creación desde el dolor más profundo e injusto.

Algo más. La exposición invitaba a zambullirse en esta parte oscura de nuestra historia. El escenario y muchos de los asistentes no son de los que suelen aparecer relacionados con este tema. Y con ello la chalina se convertía en un poderoso símbolo que invitaba a diversos a acercarse a estas historias. Igual que las muchas manos que en forma solidaria tejieron esa otra chalina, la de la Solidaridad. Unos y otros representaban el gesto de asumir estos hechos como parte de nuestra historia, constituyéndose como un poderoso gesto de integración y reconocimiento hacia las víctimas.

Todo esto ha quedado intempestivamente interrumpido por la estupidez de una gestión municipal que apenas ha podido balbucear argumentos banales. Personalmente me siento afectado, pero considero que esta decisión golpea a las víctimas que constatan, una vez más, cuán poca consideración y respeto reciben de algunos sectores de nuestra sociedad.

Una infeliz coincidencia

Apenas unos días antes, el Poder Judicial absolvió a un grupo de efectivos militares responsables del asesinato de doce personas, incluyendo dos niños, de los poblados de Parcco Alto y Pomatambo. No me voy a extender en el recuento de hechos que ya otros han tratado estos días (ver noticia y análisis); sólo quiero resaltar que esta decisión judicial se ubica dentro la tendencia observada últimamente en el tratamiento de casos de graves violaciones a los derechos humanos cuyo resaltado es la impunidad.

Más allá de las implicancias jurídicas, la demanda de los familiares ha quedado una vez más desairada, su reclamo desestimado por argumentos cuestionables. Como en el caso de la exposición censurada, una institución oficial resuelve que estas voces no tienen cabida ni validez en nuestro entorno social. Lo lamentable es que se trata de la instancia encargada de administrar justicia, campo en el cual la voz de los más débiles parece no contar.

El poder de las víctimas

En gestos que parecen repetidos, estos y otros hechos revelan cómo parte de la institucionalidad intenta acallar las voces de las víctimas, como una forma de arrancar de la memoria social hechos que les resultan incómodos. A la desaparición física de personas le sigue hoy la pretensión de silenciar social y simbólicamente a quienes no cejan de recordarnos esa deuda humanitaria y de justicia que el país tiene con algunos de los nuestros.

¿Qué extraño poder ejercen las víctimas sobre nuestra conciencia social para merecer tantos esfuerzos de sectores con poder en nuestro país? Acaso sea la altura ética de sus demandas que no puede ser alcanzada, por más que se intente, por acciones que se mueven entre la indiferencia y el cinismo.

La chalina seguirá tejiéndose y volverá a ser expuesta el próximo año, esta vez en la Municipalidad de Lima Metropolitana. Ojalá la justicia siguiera el mismo camino del reconocimiento. Pero con seguridad la historia no registrará el paso de las decisiones de un alcalde infeliz ni las torpes sentencias de jueces sin sentido de justicia. En cambio, la palabra y la memoria de las víctimas quedarán. Este es el poder que temen y aborrecen.

 

Fuentes de las fotos:

1) http://www.desdeeltercerpiso.com/2010/11/la-chalina-de-la-esperanza-y-la-censura/

2) http://spaciolibre.net/?p=5820

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